Occupy Philly”: ¿A las puertas de una revolución?

14 Oct

Al día Filadelfia
Por Edwin López / Redacción AL DÍA

"La Plaza Del Pueblo"

El movimiento de Filadelfia reúne a personas de todas las vertientes idiológicas, raciales y económicas. En la “Plaza del Pueblo” se pueden encontrar demócratas, socialistas, republicanos, blancos, negros e hispanos. FOTO: David Cruz/AL DÍA.

Tuvieron que pasar más de tres años para que la gran crisis económica desatada en Estados Unidos -y que afectó al mundo entero- pasara de ser una depresión encerrada en los hogares estadounidenses a convertirse en una ola de indiginación que hoy golpea fuerte en todo el territorio nacional.

Desde el pasado 17 de septiembre las calles de Manhattan, Washington, Boston, Los Ángeles, Chicago, entre otras, se convirtieron en el hogar de miles de personas que se unieron para gritar un “¡basta ya!” contra las grandes corporaciones de Wall Street, el corazón financiero de Nueva York.

Si usted es de los que piensan que lo que está pasando no es más que una protesta de una turba de hippies y neocomunistas trasnochados, tal vez podría llevarse una sorpresa en las semanas por venir.

No ha pasado un mes desde aquella primera ‘ocupación’ y el movimiento de los ‘ocupantes’ ya llegó a Filadelfia.

Desde hace una semana los muros del City Hall retumban con las arengas de cientos de jóvenes, adultos, estudiantes, profesionales, empleados y desocupados que le reclaman al sistema el haberles arrebatado la promesa de un futuro mejor.

Una indignación que estalló a principios del año en el Medio Oriente y evolucionó a lo que después se llamó la “Primavera Árabe”, pasó por la Puerta del Sol de Madrid, se extendió por toda Europa, llegó a Chile y hoy está en todo Estados Unidos.

“Somos el 99%”

“No solo se trata de pedir trabajo, se trata de algo más complejo que se ve reflejado en la sociedad: si no tienes dinero para adquirir tus cosas, eso revierte el crecimiento de la economía y de las condiciones de vida”, dice Joe Piette, un veterano pensionado de US Postal Service.

Los motivos para estas personas, que el fin de semana pasado llegaron a ser  más de mil en la rebautizada “Plaza del Pueblo”, son los mismos que afectan a 46 millones de estadounidenses que viven en situación de pobreza.

La desigualdad y el desempleo (que en Pensilvania es del 8,2 por ciento y en el país, del 9,2) son el combustible que ha mantenido viva la indignación pese a las lluvias y a las primeras señales de desaprobación.

El miércoles, antes de que se cumpliera una semana de la ocupación, el alcalde Michael Nutter afirmó que los indignados empezaban a costarle a los contribuyentes de la ciudad.

Nutter se refería al sobrecosto de 400 mil dólares por concepto de horas extras y aumento de pie de fuerza que el Departamento de Policía había tenido en los primeros cinco días de la manifestación.

Pese a las lluvias y las primeras críticas, Steve Ross, miembro del comité de comunicaciones, asegura que de lo que se trata es de “brindar un espacio donde todos tenga una voz sin importar el origen o condición social”.

Ross aseguró que los indignados seguirían en el City Hall construyendo el debate por un cambio profundo del sistema e instó a la comunidad latina a que participe. Una comunidad -según él- “cuya voz ha sido una de las más oprimidas en EEUU y que necesita ser escuchada”.

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